El bautizo de Leire

Tan enana y volviste a ser la estrella. Hoy no me puedes leer, pero ya lo harás. Ese día sabrás la maravillosa fiesta que te prepararon tus padres, tus tíos…

Dejame que te cuente para que más que recordarlo, lo revivas, que he mucho más bonito, re-vivirlo, vivirlo 2 veces.

Aquel año, nadie nos robó el mes de abril. Aquel sábado 28 el Sol te arropó hasta la Iglesia, donde te estaba esperando tu famila, donde te estábamos esperando. Estabas muy guapa, que te voy a contar que no sepas. Ya te verás en el vídeo.

Tus primos (de padres no católicos) te envidiarán. Salvo que los padres sepamos inventarnos una fiesta de bienvenida, ellos no tendrán en su diario un día tan especial como el tuyo. Pero tu si.

Ese día enana, cuándo saliste de la Iglesia, fuimos a casa de tu tía. Flipas.

Menuda tenían montada, aquella era una fiesta no apta para envidiosos. No te digo más que olvidaron contratar a un señor que fuese subiendo las barbillas de los invitados, cerrando sus bocas y nos tiramos toda la fiesta boquiabiertos. El marco que te rodeo esa tarde que se convirtió en noche, fue incomparable.

Por si no te acuerdas… entramos en una preciosa casa, donde una espectacular terraza cubierta nos recibió engalanada con los más ricos manjares que te puedas imaginar. Parecía que en lugar de cocineros habían preparado aquella fiesta diseñadores gráficos. Aquella noche la arquitectura envidió a la gastronomía, y los pintores a los cocineros. Una mesa a dos altura repleta de platos que no quiero recordar ahora por no babear la mesa donde escribo, coronaba el festín donde nos quedamos bizcos y nos pusimos ciegos.

Y allí estábamos todos, riendo, dándote mil besos, hablando, allí estábamos todos, bailando a tú compás, soñando historias sobre la mesa. La tarde se vistió de noche y te fuiste a dormir, pero una cita así no podía acabar de cualquier manera y las sorpresas fueron llegando. Aquel lujosos salón de eventos quiso ser “Disco” por unas horas, el humo salia del suelo y las luces volaban por las paredes como aquellos guateques de los 80 del que algún día te hablarán tus abuelos. Tu padre repartía collares de colores y la noche se llenó de luz.

Y ya sabes, copas, risas, excesos, ¿cómo van a caber tantos besos en esta canción?

Enana, aquella tarde hasta el más viejito del local disfrutó como tú, como lo hacéis los enanos, con la preciosa ingenuidad de la imprudencia. Aquella noche, todos fuimos un poco Leire, hasta tu primo Jorgito ya deseaba salir al oirnos reír a borbotones.

Enana, hablo por boca de todos cuándo digo que fue un honor ir a tu fiesta, a tu día, a tu noche. Un besazo muy laaaaaaaaaargo!!!!

Te queremos muuuuuuucho en muy poco.

PD: Dejo sólo alguna fotos que hice con mi móvil, ya tendrás tiempo de ver el resto 😉

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